lunes, 4 de abril de 2011

La Fraternidad


Uno de los resultados que nosotros nos propusimos obtener con los acuerdos (componentes) de nuestro último Capítulo es la fraternidad (los cuatro resultados que esperamos obtener son: formación, fraternidad, espiritualidad, recursos). En el trabajo de análisis que los capitulares hicimos de la realidad de nuestras comunidades, de los principales problemas que encontramos y de sus causas, caímos en la cuenta que nuestra Inspectoría, en este momento, tiene que ir a las raíces profundas de la fraternidad. Es así que, para nosotros, la fraternidad consiste en trabajar, en primer lugar, por una afectividad sana, por una psique sana, por mantener la prioridad de la persona sobre la institución, por procurar la profundidad de la vida fraterna, espiritual y pastoral y en llevar a cabo un conveniente seguimiento de los superiores a los hermanos.

Queremos hacer notar, en primer lugar, que la fraternidad es fuente segura de santificación. Los salesianos consagrados no nos santificaremos si nos limitamos a mantener entre nosotros una relación de camaradería o de simple compañerismo. No estamos en camino de santificación por el simple hecho de vivir juntos y por tolerarnos o respetarnos más o menos bien. Sólo la reunión fraterna es fuente de santificación. Dicho de otra forma: sólo si aprendemos a ser hermanos (verdaderamente y no románticamente), si entramos en la escuela de la fraternidad, con toda la carga teológica y carismática que conlleva esta expresión, nos santificaremos. El paso a la verdadera fraternidad es indispensable para poder afirmar que estamos sobre la senda de la santificación personal y comunitaria.

Dios y el mundo esperan de nosotros, los consagrados, una vivencia auténtica y ejemplar de fraternidad. Como bien sabemos, la fraternidad, puede expresarse desde la forma más simple y elemental de 'saber responder por el hermano' (expresada en el Gn) hasta su forma plenamente cristiana expresada en el hecho de dar la vida, de consumir la vida amorosamente por el semejante (expresada en el Evangelio y en la vida misma de Don Bosco).

Claro que, pedagógicamente hablando, todo lo anterior va a lograrse poniendo en marcha en toda la comunidad inspectorial un conjunto de actividades (las 8 actividades inspectoriales para los próximos 3 años señaladas en el PREV) que deberán ser apoyadas por todas las comunidades, aún en modo modesto, con la puesta en práctica de sus acciones comunitarias.

Queremos insistir en que en el Capítulo Inspectorial hemos descubierto la necesidad de una búsqueda profunda, de ir a las raíces mismas de la fraternidad. Si no hay salud del alma (de la afectividad y de la mente), no puede haber verdadera fraternidad: habrá formas más o menos buenas -y no tan buenas- de compañerismo funcional (tolerancia, complicidades, solapamiento), habrá formas más o menos funcionales de relación y comunicación (bromas, 'carrilla'), pero todo ese modo de vivir y convivir posiblemente no nos lleve a ningún progreso serio en la fraternidad ni remotamente a lograr la meta de santificarnos. Es necesario preguntarnos si nuestro modo típico de “vivir y trabajar juntos” nos está ayudando a alcanzar una verdadera plenitud, una verdadera madurez en Cristo (que es una forma de entender la santificación). No hay santidad ni santificación donde no hay, en primer lugar, salud interior.



En este momento:

¿estoy sano afectivamente? ¿estoy sano psíquicamente? ¿cómo lo puedo verificar?

Las personas (conocerlas, respetarlas, quererlas) y en primer lugar mis hermanos de comunidad ¿me importan sobre todo lo demás?

¿he caído en la manipulación de las relaciones personales para obtener beneficios egoístas? ¿hay verdadera profundidad en mi vida?

Y mi vida espiritual ¿cómo está en este momento? ¿cómo es mi relación con el Señor? ¿qué estoy dispuesto a hacer por él? ¿cómo he cuidado de mi vocación?

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